viernes, 10 de mayo de 2024

SEGUNDA SEMANA DE MAYO DE 2024

 

Aquí están los escritos de la segunda semana del grupo, esta vez fue Anniabel Martínez Gómez, quien sugirió esta imagen de inspiración y estos son los microrrelatos o poemas que surgieron.

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" Sobrevivientes"

Por Anniabel Martínez Gómez

- ¿Quién viene?

- Parece un sobreviviente, seguramente viene armado.

- Cuando se acerque más y pase por el tronco seco, dispara a matar.

La hermana mayor sacó la punta de la escopeta por la rendija en la pared, apuntando a la cabeza del intruso.

- Trae gafas de sol y gorra, mejor apunta al pecho.

La pequeña daba las órdenes como un sargento y su hermana obedecía; era mejor estratega. En cambio ella tenía una puntería envidiable y sangre fría para eliminar a los intrusos. Cualidades que las habían ayudado a sobrevivir después del desastre mundial. Refugiadas en aquella cabaña en medio del bosque, donde afortunadamente, de vez en cuando, llevaba alguien perdido, en busca de refugio.

- ¡Ahora!- ordenó, los disparos dieron justo en medio del pecho del hombre, cayendo instantáneamente muerto entre las hojas secas. Salieron las hermanas celebrando su victoria.

- ¡Qué suerte, las gafas no se rompieron! - Exclamó la mayor mientras se ponía su nueva prenda. - ¡Vamos a recoger las ramas hermana, que hoy tenemos banquete! - Ordenó la pequeña con tono de triunfo.

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UN TESTIGO MUDO

Por Arturo Martínez Molina

Las gafas de sol sobre la roca, frente a la casa de piedra, hubieran sido las únicas capaces de esclarecer el misterio que reflejaban. Aunque por desgracia eran un objeto inanimado, que no ayudaba a los investigadores a resolver las muertes a las que se enfrentaban.

LA NOCHE ANTERIOR

Los cuatro jóvenes venían dispuestos a pasar una tranquila jornada en la abandonada vivienda, mientras bebían cubatas hasta la madrugada. Eran cuatro chicos de apenas veinte años, acostumbrados a ese tipo de salidas nocturnas.

  • Hay historias muy raras sobre este lugar, se habla de una ancestral criatura que lo ronda —explicó Jose.

  • Y otras de un fantasma ligado a esta olvidada morada del pueblo. ¡Esos son historias de viejos! —opinó Miguel.

  • No asustéis a mi novia, ¡que ya bastante me ha costado de convencerla de venir aquí! —pidió Esteban al entrar con los refrescos.

  • ¿No quieres que estropeemos tu plan de acostarte con ella esta noche?

Las dejó junto al alcohol, sobre la mesa de piedra y observó a sus amigos.

  • ¡Pues sí! Y por vuestra parte, dedicaros a envenenaros con esa hierba y dejarnos en paz —advirtió al mirarlos.

  • Descuida que será lo último que nos interese de ver esta noche —sentenció Miguel indiferente.

Los tres empezaron a preparar los vasos de plástico, cuando la chica entro en la casa. Esta lo hizo medio dudando, por los rumores sobre ella.

  • ¿No había algún sitio menos tétrico en donde festejar esta noche?

  • Tranquila, Nuria. ¡Que conmigo ni pensaras en esas cosas! —dijo su novio al abrazarla.

Sus amigos sonrieron con discreción, sabían que era la treta de Esteban. Así le era más fácil el hacer el amor con ella, aunque ignoraba, que era la propia chica la que lo simulaba y no merito suyo.


Tras ingerir varios vasos, la muchacha se incorporó y agarro la mano de su pareja.

  • Creo que ya estoy a tono para complacerte. ¿Me acompañas? —insinuó con voz sexy.

Esteban, sin pensarlo demasiado, se incorporó y la siguió al exterior, a una pequeña construccion contigua

  • ¡Y aún se creerá nuestro amigo que ha sido todo obra suya! —comentó Jose sonriendo al quedarse solos.

  • Nuria es una pilla, sabe como calentarlo y que la satisfaga en condiciones —respondió su amigo— Pero ahora vayamos a lo nuestro, tenemos la cabaña para nosotros dos —continuó.

Apartaron la bolsa de droga que empleaban como engaño, y se enzarzaron en su particular coito amoroso.

Unos gritos les obligo a detenerse y vestirse, procedían del exterior y eran las voces de sus amigos.

  • Date prisa, igual entran antes de hora y descubren nuestro engaño —insto Jose.

Tras un tiempo prudencial, salieron a buscarlos y al no verlos, se empezaron a preocupar.

  • ¿Crees que esos gritos eran en realidad lo que parecían? —planteó Miguel.

  • Será alguna broma de ellos, estarán escondidos y aguardando asustarnos —replicó su amigo.

Lo último que llegaron a ver, fueron las gafas de sol de Esteban sobre una roca, antes de que una ola de tierra se los engullera.

DE VUELTA AL PRESENTE

La pila de huesos humanos en el suelo, intrigaba a la policía, que no sabía como explicarlo. Todo rastro de carne había desaparecido de ellos.

Ningún animal conocido de la zona, era capaz de hacer eso.

FIN

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Sólo unos lentes de sol.

Por Celso Santana Flores

Sólo unos lentes de sol, cuidadosamente acomodados sobre una roca, fue todo lo que quedó. Esos lentes oscuros de tonalidad verdosa, que reflejaban sin querer la antigua casona en medio del bosque, ahí, donde el amor creció y murió cual mariposa fugaz.


Ambos jóvenes llegaron con miles de sueños y aventuras hasta ese lugar olvidado en las laderas del monte de San José, riéndose de sus travesuras como niños en pleno recreo. Habían salido de la ciudad sin un rumbo fijo, y llegaron hasta ese lugar sin saberlo, sin meditarlo. Era un sitio perfecto y después de explorar un poco, encontraron en la vieja casa un lugar perfecto para estar juntos.


Bailaron, gritaron, jugaron, se abrazaron, y todo lo demás. Su amor juvenil se volvió eterno en aquel lugar solitario.


Ricky se enamoró por primera vez. Rosa se imaginaba en un mundo de princesas.


Fueron dos días de completa dicha antes del ocaso de su amor, pero dos días bastaron para consumir la felicidad.


Un poco de tedio, algo de inconformidad, falta de comprensión acompañados de frío y hambre... lo que a muchas parejas les tomaría un par de décadas, ellos lo padecieron en días.


La última discusión fue frente a la casona. Ricky miró de frente a su bella amada, desconcertado por la situación, dejando cuidadosamente sus lentes de marca sobre aquella piedra para no maltratarlos.


El asunto no terminó bien. Ante la sorpresa del joven, Rosa decidió separarse, alejándose con pasos largos.


Ricky, el chico malo, quedó impávido. Solitario.


Ella permaneció inmutable y malhumorada, con lágrimas silenciosas por su décima ruptura amorosa.


Regresaron en silencio para no verse nunca más, olvidando tras de sí unos lentes de sol, cuidadosamente colocados sobre la roca.


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Las gafas y la maldición.

Por: María Rosa Hernando Fernández

  • Cuando lleguemos a lo alto, verás la construcción de piedra. Es muy antigua. En el fondo creo que nadie sabe muy bien qué es. Las inclemencias han erosionado y quitado matices. A mí me parece una fuente con aires de altar. No sé, es algo raro —dijo el muchacho entusiasmado por llegar.

  • Y eso que hablan, ¿es cierto? —preguntó su querida hermana.

  • ¿A qué te refieres? Ah, ya sé, ¿lo de la maldición? -respondió con tono de película de terror.

  • Sí eso. Me inquieta un poco la verdad. ¿Tú sabes la historia de ese lugar? —insistió la pequeña.

  • Lo único que sé,  ciertamente estremece —dijo sacando unas gafas de sol— Usaremos esto para evitar problemas.

  • No te entiendo hermano, ¿cómo nos puede ayudar un par de gafas?

  • Muy sencillo —respondió gentilmente— Dicen que ese cúmulo de piedras no deben ser miradas directamente, a menos de que quieras convertirte en una de ellas. Comentan que ese lugar ha crecido de aquellos que han osado observar. Así que, cuando lleguemos usaremos las gafas para ver a través de su reflejo, porque si no, ¿para qué vamos hasta allí? No pienso irme sin saber lo que hay.

  • ¡Qué ingenioso hermano! —gritó su hermanita algo más relajada.

Los dos hermanos llegaron a la zona, y caminando hacia atrás se fueron acercando lentamente. Colocaron las gafas sobre una piedra prominente, burlando la macabra maldición. Allí se quedaron de espaldas a su deseo de mirar, enfocando la vista con esfuerzo a través de los cristales ahumados.

  • ¡¡¡HERMANA QUE HAS HECHO!!! —gritó el chaval desesperado.

Los vecinos del pueblo llevaban cerca de dos semanas buscando a los dos pequeños desaparecidos. Nadie supo lo que les ocurrió, hasta que un campesino que conocía a la perfección aquella zona, encontró las gafas y una grabación en el teléfono móvil del muchacho.

Aquel extraño aglomerado de piedras, había crecido. La prueba de la maldición ya era un hecho real.

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Gafas al sol, gigante de piedra y…

Por Nelson Isaí Perez

Créeme, estoy indignado, y no es para menos me tardé seis horas de caminata para llegar a ese lugar escondido en medio del bosque.
Allá, hay una construcción abandonada que tiene rostro de gigante.
El gigante de piedra, le he llamado. Luego pensé en que sería una buena idea capturar una imagen, hacer de ella un NFT y ponerlo a la venta, así que procedí a sacar mi cámara digital. Coloqué mis gafas sobre una piedra y ya, tomé la captura.
Luego regresé a casa, la pasé a la computadora y la digitalicé. Luego la puse a la venta y pronto alguien ofertó por ella, aunque resultó ser uno de eso que solo piensan en arruinarlo todo. Cómo sabrás, soy un fanático del mundo criptográfico, pero ese no es el punto, aunque ambas cosas están relacionadas, pero no es eso lo que me ha puesto de malas, el mundo es así, unos tratamos de hacerlo bien y demostrar que las monedas digitales son el remedio para muchos males, pero otros solo buscan estafar al que sabe poco o nada.
Entonces, a lo mejor, crees que es por esta mala experiencia que estoy furioso. No.
Mira la foto, no salgo en ella.

Fin

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Excursión por el monte

Por Susana Torres Cabeza

Pam corrió por el bosque. Las malas hierbas y los arbustos silvestres arañaban sus piernas desnudas. Que mala idea acudir a la excursión en pantalón corto, pensó.

Los perros ladraban a su espalda. Se acercaban. Paró un momento y se escondió tras un árbol. Trató de recordar el camino para llegar a la explanada donde seguramente estarían ya los demás y el autobús. Se hizo un mapa mental: Girar a la derecha, cruzar el riachuelo y bajar la piedra doble. Ya faltaba poco.

Respiró y salió de nuevo.

Los ladridos sonaban más fuertes. Las bestias la estaban alcanzando. Pam se estaba fatigando y los perros parecían tener más energía que al principio, como si los azuzaran o les hubieran prometido un premio. Seguramente era así. No debería haberse apartado del grupo. No debería haberse internado en el bosque, ni debería haber cogido aquella flor de la casa de madera, pero parecía abandonada. A quién le importaba una flor, había pensado. A unos locos, pensó desesperada.

Cruzó el río y su esperanza creció. Ya vislumbraba el camino que llegaba a la explanada. Casi podía escuchar las voces de sus compañeros…

¡Pum!

Un dolor intenso la embargó. Le habían disparado. La bala entró y salió limpiamente, pero la sangre inundó su hombro. La sorpresa y el tormentoso dolor sobrevenido le impactaron de tal modo que Pam cayó mareada al suelo. Perdió durante unos instantes el conocimiento.

Cuando lo recuperó, alguien la arrastraba por las piernas como a una presa. Gritó. Pero sus gritos quedaron ahogados por los ladridos de los perros. Trató de agarrarse a una piedra, pero quién tiraba de ella era fuerte y sus manos resbalaron, perdiendo con el estirón el agarre y las gafas que quedaron allí abandonadas en el suelo, como único testigo de los hechos.

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Esto es todo por esta semana, la proxima semana mas.

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